Fernando Arrabal dijo:

Me cago en Dios, en la Patria y en todo lo demás

...y por eso lo encarcelaron...pero no se pueden poner grilletes a las palabras...

martes, 14 de octubre de 2008

El patio de mi casa

Brujería

Esta tarde regresé a casa después de una ardua jornada laboral y coincidí en la entrada del bloque de pisos en el que vivo con una septuagenaria vecina que es como una especie de mito. Toda la comunidad de vecinos conoce a Rosaura y las preguntas que hace. Niños ¿Ustedes son creyentes? ¿Ustedes van a misa? Esta es la generación del futuro. Ustedes van a ser los médicos del día de mañana. Rosaura usa siempre ese ustedes tan andaluz que a los profesionales de la comunicación nos borraron de la punta de la lengua cuando entramos en la Universidad a aprender el oficio de informar (tiempo ha).

Rosaura tiene dos perros: Torito y otro de cuyo nombre no es que no quiera, es que no logro acordarme -uno nunca llega a conocer a sus vecinos y, menos, a los caninos-. Hoy Rosaura iba sola, con su habitual vestimenta negra que debe guardar el luto de generaciones enteras, muchas anteriores a ella como una tradición perdurable de la que quizás esta mujer sea el último eslabón. Llevaba, también, su inseparable vara de madera con la que se apoya a cada paso, no porque tenga dificultades para andar, sino que lo hace como si quisiera dejar sus huellas en la tierra que pisan sus desgastados zapatos.

Subimos juntos al ascensor. Se mantuvo callada todo el tiempo, hasta que a punto de alcanzar la planta en la que se sostiene mi piso, rompió el hielo, no para hablar de la meteorología como haría cualquiera, sino para observar algo que a nadie más se le hubiese ocurrido. Niño, si no existieran estos aparatos, nadie podría vivir en este bloque ¿verdad?

No pude evitar sonreírme al salir del “aparato”. Toda mi vida he subido y bajado en ese dichoso aparato destinado a transportar verticalmente la carga humana o de otra índole. Los de mi generación nunca nos plantearíamos que un ascensor pudiera no estar en un bloque de once plantas. Menos aún nos plantearíamos la posibilidad de que pudieran no existir bloques de pisos que juegan a tocar las nubes. Pero Rosaura tiene más de setenta años y tuvo que subir escaleras en su tiempo. Subirlas como se subían antes; por obligación y no porque el ascensor faltara a su cita.

Rosaura no se sorprende de que al encender la radio haya una voz dando las noticias. Yo no me sorprendo de que el ascensor esté ahí. Mi sobrino de quince años no se sorprende de que en un ordenador conectado a Internet quepan radios, ascensores y hasta una bitácora como ésta.