Hay un libro de José Saramago, no lo he leído, llamado Las intermitencias de la muerte. En él, la muerte decide darse un descanso y ya nadie perece, pero pronto vendrán los problemas, porque vivir eternamente no es para nada agradable.
Lo que nos pasa con la muerte es lo que nos pasa con la suerte (sólo una letra las separan), nunca estamos conformes. La gente no quiere morir, pero tampoco quiere vivir una agonía prolongada. A veces, incluso, hay gente que se ve en el derecho de reclamarle a la vida una muerte temporal, un deceso por horas hasta que el vivir se vuelva más favorable.
Con la suerte pasa igual. Siempre estamos buscando la buena suerte. Las hay (y los hay) que rezan a San Antonio para encontrar novio, los hay que apuestan todo al rojo en la ruleta del casino, los hay que cruzan los dedos, los hay que sacrifican animales en honor de los dioses...
Pero, ¿Qué pasaría si la suerte, la mala suerte en este caso, se volviera intermitente? ¿Qué pasaría si nadie tuviera mala suerte? ¿Podemos darle vacaciones a la mala suerte? ¿Es bueno que todo el mundo tenga buena suerte? La buena suerte de nuestros enemigos es nuestra mala suerte y al contrario. Si todo el mundo tuviera buena suerte a todos nos tocaría la lotería y el premio saldría a repatir entre una ingente cantidad de suertudos. Si todo el mundo tuviera buena suerte todos seríamos jefes y nadie mandaría. Todos los equipos de fútbol marcarían muchos goles, los mismos que el contrario. Los bancos ganarían dinero y sus clientes cobrarían comisiones. El PSOE, el PP...hasta Izquierda Unida, ganarían siempre, en grupo, las elecciones.
¿Se imaginan un mundo así? Sería un mundo dichoso. Dichoso mundo.
Los hay que nunca se conforman con su suerte. Yo espero que esta noche me toque la quiniela, pero también a ustedes. Aunque salga a repartir.
Lo que nos pasa con la muerte es lo que nos pasa con la suerte (sólo una letra las separan), nunca estamos conformes. La gente no quiere morir, pero tampoco quiere vivir una agonía prolongada. A veces, incluso, hay gente que se ve en el derecho de reclamarle a la vida una muerte temporal, un deceso por horas hasta que el vivir se vuelva más favorable.
Con la suerte pasa igual. Siempre estamos buscando la buena suerte. Las hay (y los hay) que rezan a San Antonio para encontrar novio, los hay que apuestan todo al rojo en la ruleta del casino, los hay que cruzan los dedos, los hay que sacrifican animales en honor de los dioses...
Pero, ¿Qué pasaría si la suerte, la mala suerte en este caso, se volviera intermitente? ¿Qué pasaría si nadie tuviera mala suerte? ¿Podemos darle vacaciones a la mala suerte? ¿Es bueno que todo el mundo tenga buena suerte? La buena suerte de nuestros enemigos es nuestra mala suerte y al contrario. Si todo el mundo tuviera buena suerte a todos nos tocaría la lotería y el premio saldría a repatir entre una ingente cantidad de suertudos. Si todo el mundo tuviera buena suerte todos seríamos jefes y nadie mandaría. Todos los equipos de fútbol marcarían muchos goles, los mismos que el contrario. Los bancos ganarían dinero y sus clientes cobrarían comisiones. El PSOE, el PP...hasta Izquierda Unida, ganarían siempre, en grupo, las elecciones.
¿Se imaginan un mundo así? Sería un mundo dichoso. Dichoso mundo.
Los hay que nunca se conforman con su suerte. Yo espero que esta noche me toque la quiniela, pero también a ustedes. Aunque salga a repartir.


